La Virgen de Coromoto en Galicia: cómo llegó la patrona de Venezuela a un convento gallego

03.10.2026

La encontré en Redondela caminando el Camino Portugués. La respuesta está en setenta años de emigración gallega a Venezuela.


Escribí en la libreta «casualidad (o no)». Fue el 28 de junio, en Redondela, dentro de la Parroquia de Santiago de Redondela en el Convento de Vilavella. Entré a rezar como venía haciendo en cada pueblo desde que salí, y en un rincón lateral, pequeñita, había una imagen de la Virgen de Coromoto. La patrona de Venezuela. A ocho mil kilómetros de Guanare, en una villa gallega de la ría de Vigo, en un edificio del siglo XVI.

Me quedé un rato largo delante. Escribí en la libreta lo que yo entendí que me quería decir: que me estaba escuchando, que siguiera orando, que no estaba sola. Luego seguí caminando y no volví a pensarlo hasta que, ya en casa, me dio por preguntarme qué hacía ella allí.

La respuesta no es mística. Es mejor: es historia migratoria.

Quién es la Coromoto

Virgen de Coromoto en el Convento de Vilavella, Redondela. 28 de junio de 2026.
Virgen de Coromoto en el Convento de Vilavella, Redondela. 28 de junio de 2026.

La devoción arranca en 1651 y 1652 en las selvas de lo que hoy es el estado Portuguesa. Según la tradición, una mujer luminosa con un niño en brazos se le apareció al cacique de los indios cospes —el cacique Coromoto— y le habló en su propia lengua pidiéndole que se bautizara. El cacique se resistió. En la segunda aparición, el 8 de septiembre de 1652, dentro de su bohío y ante su mujer, su cuñada y un sobrino, intentó espantarla, y al desaparecer ella le quedó en la mano una pieza diminuta con su imagen.

Esa reliquia existe y se conserva en Guanare, en el Santuario Basílica de la Virgen de Coromoto. Mide 27 milímetros de alto por 22 de ancho. Es del tamaño de una uña.

Lo escribí en la libreta sin saber nada de esto: «pequeñita, pero firme». Resulta que era literal. La patrona de Venezuela es, físicamente, una miniatura.

El episcopado venezolano la proclamó patrona del país en 1942 y Pío XII lo confirmó en 1944. Su coronación canónica fue el 11 de septiembre de 1952, a los trescientos años de la aparición, y esa es la fecha en que se celebra.

Qué hace en Galicia

Aquí está el dato que lo explica todo, y no tiene nada de sobrenatural: Galicia mandó a Venezuela decenas de miles de personas durante el siglo XX.

Entre 1953 y 1958 entraron a Venezuela unos 150.000 españoles —la mitad de todos los que emigraron allí entre 1945 y 1985—, y aproximadamente un tercio eran gallegos. Los atraía el auge petrolero, la demanda de mano de obra y una política migratoria de puertas abiertas. El 70 % se instaló en Caracas. Allí fundaron el Lar Gallego en 1945, el Centro Gallego en 1948 y, en 1960, la Hermandad Gallega de Venezuela, que sigue funcionando y que llegó a ser uno de los centros más importantes de toda la diáspora gallega.

Ese vínculo no es un recuerdo: es una estructura viva en las dos direcciones. En Caracas, la Hermandad Gallega saca en procesión, juntas, las imágenes de Santiago, la Virgen del Pilar y la Virgen de Coromoto. Santiago y Coromoto en las mismas andas. Y en Vigo, a media hora de donde yo estaba, hay asociaciones de venezolanos que organizan cada septiembre una misa en honor a la Coromoto.

Hoy quedan unos 32.000 gallegos censados en Venezuela, y desde hace años se produce el movimiento contrario: el retorno. Muchos de los que vuelven nacieron allí, así que irse es, como lo describió el secretario xeral de Emigración, una doble ruptura.

Lo que eso significa

Esa figura que encontré en un rincón la puso ahí alguien. Probablemente alguien que hizo el viaje contrario al mío: una gallega que se fue a Venezuela en los años cincuenta con una maleta y volvió décadas después con una virgen que no era la suya cuando salió.

Yo, venezolana, vine a España. La misma carretera en los dos sentidos, con setenta años de diferencia.

Y engancha con lo que me pasó tres días después en Padrón, donde Belén me habló de una familia venezolana del pueblo en cuanto supo de dónde era yo. Venezuela lleva décadas metida dentro de Galicia. Yo no llevé mi país al Camino: ya estaba allí, esperándome en los sitios más improbables.

Una capa del Camino que nadie señaliza

El Camino Portugués atraviesa comarcas que fueron zonas de emigración masiva, y esa historia está por todas partes si sabes mirar: en las casas de indianos, en los nombres de las asociaciones, en las advocaciones raras que aparecen en las capillas de pueblo. No hay ni un panel interpretativo que lo cuente.

Sería un recurso turístico honesto y baratísimo: una ruta de la emigración superpuesta al Camino, contada con las imágenes que los emigrantes trajeron de vuelta. Cualquier peregrino latinoamericano —y somos muchos— entendería de golpe que no está de visita en una historia ajena.

A mí me bastó una virgen de dos centímetros y medio en un rincón para entenderlo.

Una nota personal, que también es un dato

Yo crecí yendo a la Hermandad Gallega de Valencia, en Venezuela. Sin una gota de sangre gallega: mis padres se hicieron socios porque era un club con piscina donde los niños podíamos hacer deporte. Nadie en mi casa pensaba que aquello tuviera que ver con Galicia. Era, simplemente, el club.

Años después conocí a Cristhian. Su familia sí es gallega: los abuelos de sus dos ramas salieron del mismo pueblo, Celanova, en Ourense, y acabaron en Venezuela. Sus padres se conocieron allí, hicieron su vida allí y volvieron a España hace justo diez años, con sus dos hijos. Ellos, que sí eran gallegos, iban a la Hermandad Gallega de Caracas.

La misma clase de institución, fundada por emigrantes para no perderse a sí mismos, servía a la vez de casa para unos y de club de barrio para otros. Ese es el tamaño real del vínculo: no una curiosidad histórica, sino algo tan cotidiano que a los venezolanos nos parecía normal sin preguntarnos de dónde venía.

Hoy camino por Galicia, me gusta su acento y su comida, y he tardado media vida en darme cuenta de que Galicia llevaba todo ese tiempo al lado. Primero fue un club. Ahora es un Camino.


Ana Gabriela Quiñones Amato.


Fuentes consultadas

  • Nadia De Cristóforis y M. P. González Fernández: estudios sobre la emigración gallega a Venezuela (1945-1985); tesis doctoral «La emigración gallega a Venezuela» (Dialnet).
  • Secretaría Xeral da Emigración, Xunta de Galicia (emigracion.xunta.gal): historia de la Hermandad Gallega de Venezuela y datos de gallegos residentes.
  • Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto (Guanare) y documentación de la Conferencia Episcopal Venezolana sobre la reliquia y el patronazgo.
  • Libreta de campo de la autora, entrada del 28 de junio de 2026, Convento de Vilavella, Redondela.
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